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Mi recorrido con el japonés

En 2018 ingresé al Lenguas Vivas para cursar el traductorado de inglés. Para graduarse, hay que acreditar una segunda lengua extranjera, y esa elección no fue nada sencilla. Barajé varios idiomas e incluso cursé un año de francés, pero no era lo mío. Hasta que un día, casi por casualidad, se me ocurrió: «¿Y si empiezo japonés?». Pensé que su complejidad podría hacer el proceso de aprendizaje más divertido.

Durante el primer año, estudié japonés con clases grupales. Resulta que mi profesor de japonés en el instituto donde arranqué había estudiado en Japón gracias a una tal “beca MEXT”, un programa gubernamental que cubre por completo los estudios en ese país. Todo lo que contaba sobre su experiencia me parecía fascinante, y enseguida me cautivó la idea de formarme allí. Sin embargo, en el segundo año sentí que necesitaba estudiar japonés más intensivamente si quería realizar mis objetivos. Fue en ese momento que decidí dejar el curso grupal y comenzar a estudiar de manera autodidacta.

Así, di con el método inmersivo. Como soy más de hacer las cosas por mi cuenta y no tanto en grupo, esta filosofía de estudio me vino fenomenal, y comencé a aprender cada vez más rápido. Entre los malabares de la carrera, el instituto donde enseñaba inglés y mis estudios de japonés, el tiempo voló. A finales de 2022, acredité japonés como segunda lengua para el Traductorado: el objetivo que inicialmente me había llevado a elegir este idioma estaba cumplido.

En 2023, un año después de comenzar el estudio en casa y con un nivel aproximado de N2, recibí un inesperado correo: Editorial Ivréa quería contratarme para traducir sus mangas. No lo podía creer. Fue el primer gran paso de mi carrera. Renuncié a mi trabajo como profesor de inglés y, por primera vez, me dediqué a traducir japonés de manera profesional. Ese mismo año me recibí de traductor de inglés.

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Un día más traduciendo manga.

A esas alturas ya tenía clarísimo que el japonés era mi verdadera vocación. Así, surgió el deseo de postularme a la beca MEXT para estudiar Lingüística Japonesa en el país nipón para llevar mi conocimiento sobre el idioma al siguiente nivel.

Reuní toda la información posible incansablemente y comencé a esforzarme al máximo rumbo a esa meta. Durante todo este tiempo continué estudiando mediante la inmersión, y mi convicción por esa filosofía de estudio me llevó a presentarme, en diciembre de ese mismo año, al nivel más alto del examen de dominio del japonés (JLPT N1), sin nunca haber intentado ninguno de los niveles inferiores. Si fallaba, me quedaría sin certificado para adjuntar a la postulación y probablemente no me considerarían en mi área: era todo o nada. Pero, gracias a incontables horas de autoestudio y mucho esfuerzo, lo conseguí.

Recibido ya de traductor de inglés, trabajando en Ivrea y recién salido de rendir el N1, comencé a preparar mi postulación para la beca MEXT.

No fue sencillo. Primero investigué a fondo todas las opciones disponibles para mis estudios, me puse al día con los avances y fundamentos del área y, finalmente, elaboré un proyecto de investigación acorde con mis intereses, escrito íntegramente en japonés. Pasé varios meses en ello, mientras corría de un lado a otro reuniendo el resto de la documentación necesaria. Al fin lo presenté, y poco después me avisaron que había sido seleccionado para rendir los exámenes.

Ese día lo recuerdo como si fuera ayer. Llegué muy temprano y desayuné en el Havanna de la esquina de la Torre Bouchard, el edificio que alberga la Embajada de Japón. A la hora señalada, ajusté el traje y entré. En la sala de espera, los postulantes de 2024 fuimos congregándonos poco a poco. Subimos y rendimos los exámenes de inglés y japonés. Terminé antes de tiempo y salí a charlar con otros camaradas postulantes.

Al mediodía anunciaron quiénes pasaban a la entrevista. Con el corazón retumbando, aguardé que pronunciaran mi apellido. Tras unos segundos que parecieron eternos, escuché mi nombre: había pasado. Sentí alivio y una nueva oleada de adrenalina, y me puse a repasar de inmediato. Llegó mi turno y presenté mi proyecto ante la comisión evaluadora en una entrevista que, para mí, fue un momento muy especial.

Tras casi dos semanas de vigilar la bandeja de entrada sin descanso, pulsando F5 como si eso acelerara la llegada de la ansiada notificación, por fin llegó el día. Fue casi cómico: eran alrededor de las cinco de la tarde y acababa de llegar a casa; ya estaba seguro de que, a esa altura del día, ya no llegaría nada. Me senté en la cama; la pantalla de la computadora, con el correo abierto, quedaba enfrente, a cierta distancia. Apenas me acomodé apareció un nuevo mensaje: era de la Embajada. El corazón se me disparó. Lo abrí, busqué la línea que quería leer y… estaba seleccionado. No intentaré describir lo que sentí: no hay palabras que le hagan justicia.

Así comenzó la cuenta regresiva. Algunos meses volaron; otros se estiraron. La noche del 31 de marzo de 2025, el día anterior a nuestro vuelo, el Excelentísimo Embajador del Japón nos honró a los becarios selectos con una invitación a su residencia. Allí pudimos presentarnos y, para mi asombro, me nombraron para compartir mesa con él durante la cena de gala (probablemente por el nivel de japonés). Fue una velada memorable, un momento tan mágico como simbólico.

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La velada en la residencia del Sr. Embajador Yamauchi, acompañados por la Asociación de Ex Becarios MEXT.

El 1º de abril de 2025, me despedí de mis amigos y mi familia y partí con mis colegas becarios a la tierra prometida. El viaje se sintió como una verdadera aventura con pequeños momentos muy lindos. Todos los becarios —de tecnicatura, grado y posgrado— viajamos juntos hasta Estambul; allí nos separamos entre el grupo que continuaría hacia Osaka y el que seguiría rumbo a Tokio.

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En Ezeiza.

Cinco años después de haber iniciado mi travesía con el japonés, puse por primera vez un pie en la Tierra del Sol Naciente. La noche del 3 de abril aterrizamos en el Aeropuerto Internacional de Kansai. Los tres becarios de posgrado destinados a la región corrimos al hostel donde nos alojaríamos juntos y, casi como un ritual, nos encaminamos al Castillo de Osaka bajo la oscuridad, sin un alma a la vista. No había mejor lugar para celebrar nuestro hito. A la mañana siguiente nos despedimos, cada uno rumbo a su propio sueño.

Así fue como aquella decisión impulsiva de estudiar japonés me llevó a descubrir mi vocación, a forjar un sueño y a vivir en Japón. Ahora, estoy enfocado en investigar los secretos del japonés y adquirir conocimientos que en nuestro país son inaccesibles para poder compartirlos con otros profesionales y apasionados del idioma. De este modo, mi objetivo con este sitio es enseñar:

  • Cómo estudiar japonés en serio y llegar a niveles altos de fluidez
  • Cómo lanzar una postulación exitosa para la Beca MEXT
  • Blogs sobre mi vida en japón y mi investigación lingüística